Richiardine

Magos Internacionales

El frío calaba en los huesos. Magallanes no se destaca, precisamente, por ser un lugar de aires mediterráneos, sino que, todo lo contrario, su clima resulta hostil y cambiante. A pesar de ello, se gestó un territorio que para 1937 se veía beneficiado por un tipo de vida que gozaban a más no poder las grandes ciudades. Era así como en teatros se llevaban a cabo espectáculos -muchos de índole familiar- que hacía entrar en calor a las expectantes audiencias. Richiardine fue uno de esos artistas que encendió la mecha del asombro del ansiado público mediante gloriosos actos de magia e ilusionismo. Era el último mes del año en las latitudes del fin del mundo, y sus funciones comenzaban a promocionarse.

Para aquella época, era común la asociación de magos con disciplinas oscuras o ‘diabólicas’. Con Richiardine no fue la excepción, pues su promoción contaba con frases enganches como: “El poeta de la magia, el hombre que robó su poder al diablo, el embajador de la tierra de Satanás”. Frases que también iban acompañadas de esmeradas ilustraciones retratando a una criatura diabólica y el mago en cuestión. Más que espantar al público, este tipo de promoción atraía bastante. Más aún si anunciaban números como “La sierra circular de la muerte”. El Teatro Municipal se llenaba ante la ansiedad del público de saber este tipo de lugarteniente del diablo en la Tierra y sus actos que bordeaban lo escabroso y la muerte. Era aquella “curiosidad” que podía “matar al gato”.

Richiardine, el “Rey de los magos modernos” venía acompañado de su compañía compuesta por diversos números de novedades y varieté que antecedían a su peculiar presentación. La función de la noche se iluminaba con personalidades como la coupletista española Margot de Granada, las esclavas del Cairo Fatima y Yolanda, la reina del rifle miss Carmina Florit, entre otras más. No había duda de que estas atracciones eran fundamentales para el ambiente de lo que sería la segunda parte.  

El programa completamente variado del poeta de la magia incluía (además de la ya mencionada sierra mortífera): “El templo de la muerte”, “El sueño de Buda”, “El Cofre de la Princesa moscovita”, “La silla eléctrica”, “El decapitado vivo”, “El desdoblamiento de las figuras humanas”, entre otras cosas asombrosas. Estos actos demostraron la especialidad de este mago, la cual transitaba entre actos de ilusionismo con disciplinas como el hipnotismo, faquirismo, mentalismo, sugestión, etc. No obstante, Richiardine no se quedaba sólo en el desplante del asombro, sino que también incluía a “sus muñecos parlantes”. Esto demostraba la versatilidad de los artistas de esta época en el que la ventriloquia era un tipo de arte que encantaba a un gran número de personas.

La temporada de Richiardine en Magallanes fue bastante breve. Sin embargo, alcanzó a estar en la temporada de fiestas navideñas la cual se celebró alegremente. “Dulces y chocolates para los chicos, hermosos obsequios a los mayores. Richiardine ha colocado un árbol de pascua para todos”. Mediante aquel acto, era un hecho que este mago “encendía la mecha del asombro” en estas personas, pero también, les otorgaba una calidez sin igual, dotando a su espectáculo algo mucho más fraterno. Así, él y su compañía comenzaban a despedirse de estos poblados patagónicos, totalmente convencidos de que el frío no empañaba la calidez de esas audiencias.