Ling Fu
Magos Nacionales
Para muchos magos en Chile, Ling Fu resultaba ser un amigo, un mentor y un distribuidor, adjetivos a los cuales también tenía agregada intrínsecamente su cualidad de maestro nacional. Esto resulta más que importante para la trayectoria artística de los magos chilenos, pues la influencia de este ilusionista forjó -sin exagerar- toda una generación. Dicho movimiento o “escuela” se destacó por la colaboración y competencia artística mediante congresos y festivales, instancias en las que este reconocido mago colaboró.
Para empezar, la carrera de Ling Fu (de nombre original Manuel Enrique Hidalgo Alarcón) comienza en su tierra natal de Concepción, impulsada por dos factores esenciales y trascendentes: la primera vez que vislumbra un acto de magia y el conocimiento adquirido mediante escasos libros de magia. Respecto a lo primero, para Enrique en su niñez resultó decidora la oportunidad que tuvo al ver la actuación del gran mago Chang. Disfrutar de estos actos deslumbrantes despertó el interés de Hidalgo por sumergirse en un mundo de secretos, técnicas y actuación. Hasta su adolescencia, su interés se había transformado en una dedicación total, siendo su especialidad preferida la manipulación.
Respecto al segundo gran factor, resultaba necesario no sólo una mentoría por parte de otro mago, sino que también adquirir conocimientos libros que profundizarán en los secretos característicos de un mago. Uno de ellos fue el libro de Aldo Musarra “Prestidigitación al alcance de todos”, el cual continuaba con su interés en el aspecto de manipulación de objetos. Sin embargo, los libros que forjaría su identidad serían los del padre Ciuró, tanto por su contenido, pero por sobre todo, el seudónimo de este: Ling Kai Fu. Enrique, entonces, se apropió de este nombre reduciéndolo a Ling Fu, siendo un nombre con bastante rotación en diferentes lugares.
De estos lugares, su nombre rotó en teatros, establecimientos particulares y otros espacios de ocio, bohemia y/o desplante artístico. No obstante, ligado a la forma en que forjó su carrera artística, su nombre también fue parte del circuito de aprendizaje, mediación y lectura. Esto pues en su adultez dio forma a la casa de magia ubicada en San Ignacio de Loyola #75, comuna de Santiago. Aquellas galerías daban paso a un local particular: el local 27. Allí se estableció este mago con implementos fundamentales para el ejercicio del ilusionismo, siendo de los pocos espacios (o tal vez el único) en Santiago que servía de distribución y venta. A raíz de esta escasez de lugares, su casa de magia se convirtió en una verdadera escuela, incluso bibliográfica. Hidalgo profundizó su conocimiento en el resto de las disciplinas mágicas (close-up magic, salón, escapes, etc.) y sirvió de referencia para magos que comenzaron a asistir a su local desde la década de 1960.
Finalmente, su trascendencia también pasó por su legado comunicacional, de gestión y de organización, pues Ling Fu fue parte del boom de festivales y congresos chilenos entre la década de 1960 y 1970. Desde un comienzo, él tuvo la convicción de que era un deber del mago relacionarse con otros colegas y más aún si fueran del extranjero, por lo que también recurrió a viajes al exterior. Escribió uno de los primeros libros chilenos denominado En la búsqueda de nuevos efectos, impreso en 1972. En el plano local, Ling Fu participó del primer festival de magia de 1964, específicamente de su gira en el norte del país. Destaco como mago invitado con su producción de cartas, en el Festival de Magia Latinoamericano en 1975, realizado en el teatro Caupolicán. De hecho, el Congreso de magia de 1978 realizado en La Serena fue organizado principalmente por Ling Fu, resultando en un evento que reunió a magos de la talla como Adolfo Williams, Gerardo Parra, Fernando Ulloa, etc. Indudablemente Ling Fu es un persona que ha quedado plasmado en la historia de la magia chilena, por su aporte en la difusión de la magia y calidad técnica de cada uno de sus actos.